El análisis de Javier Flores, columnista invitado de La Voz del Interior y Mundo D
La derrota en Rosario no debe causa inquietud, pero Talleres muestra varios aspectos para mejorar en el bloque defensivo y está sintiendo la transición post Valoyes-Santos.
La caída de Talleres contra Central 2-0, en Rosario, no debe llamar a dramatismos, porque el fútbol no se debe analizar desde el resultado. Si el eje es ese, se nubla la perspectiva del análisis,se pierde el amplio abanicos de detalles que rodea el contexto de un partido, lo que propone el rival -que también juega y plantea estrategias para erosionar la propia- y, principalmente, no se pone el énfasis en donde debe estar: el funcionamiento
Desde ese punto de vista, Talleres no ha abandonado en lo poco que va de la Copa de la Liga las coordenadas principales de la propuesta abierta, ofensiva e intensa que lo llevó a protagonizar el torneo anterior, pero ha perdido consistencia defensiva, algo que despuntó en el debut contra Gimnasia, se advirtió un poco más contra Huracán, se acentuó contra Colón por la Copa Argentina y terminó en la derrota contra los rosarinos. Los tes triunfos sólo los disimularon.
El error es hacer responsable de esa situación sólo a la defensa del equipo, que es la misma de la mayoría el torneo anterior: Gastón Benavídez, Matías Catalán, Juan Rodríguez y Juan Portillo. No se advierten desacoples ni errores estructurales o de coordinación, pero sí fallas individuales, desconcentraciones y un rendimiento individual que ha decrecido, como el de Portillo.
Lo más fácil sería caerle al “Sicario”, el jugador que más prestaciones positivas le ha dado a Javier Gandolfi, dándole una gran mano jugando en un puesto como el de lateral izquierdo que no le es afín, ante la falta de jugadores en esa posición. Sería un error.
Un equipo funciona defensivamente en bloque y de manera sistemática con el bloque ofensivo: el primer defensor es el delantero o el extremo que debe ayudar a recuperar la pelota arriba. Y la “T”, por las características de los jugadores que hoy coloca como titulares el DT albiazul en el sector medio, se recarga la recuperación en un solo jugador: Rodrigo Villagra.
A Depietri, Garro, Sosa y Bustos les cuesta retroceder marcando, porque su ADN es diferente: son jugadores para atacar y pensar en el arco del frente, asociando o por juego directo. No sienten la marca, les cuesta y cuando lo hacen, terminan cometiendo muchas faltas. Y Ortegoza, quien debería colaborar con él en esa tarea, no lo está haciendo como antes. Además, ya no está Alan Franco quien le daba ese equilibrio al equipo que hoy le está faltando.
La pelota pasa muy fácil por el medio y Rodrigo no puede solo contra el mundo. Necesita ayuda, más compromiso en la recuperación de jugadores a los que le cuesta. Y eso complica cuando un rival, como Central, le plantea un juego similar al albiazul, en forma directa, con traslados rápidos y sumando gente en ataque. Tampoco fue un buen partido de un intocable atrás como Catalán, muy contenido y preocupado por no lesionarse, porque llegó “tocado” a Rosario y tiene esta semana los partidos de eliminatoria con la selección chilena
Gandolfi dispone ahora diez días por delante antes del clásico contra Instituto para encontrarle la vuelta. Un tiempo suficiente como para poner a punto y disponer de los refuerzos que llegaron y lo puedan ayudar en esa tarea. Estarán disponibles Blas Riveros para ir al lateral izquierdo, probar a Gastón Galarza al lado de Villagra o reubicarlo a Portillo en ese espacio, que le es más afín y el que mejor conoce
La transición post Valoyes-Santos
El equipo también está sintiendo las partidas de Diego Valoyes y Michael Santos, dos jugadores muy difíciles de reemplazar. El colombiano era en el extremo derecho una topadora. Lanzado en velocidad aportaba gol, desequilibrio en el uno contra uno, remate desde afuera y algo que se extraña mucho: sus asistencias.
Depietri no tiene esas características, Sequeira tampoco y su compatriota, el juvenil Luis Angulo, es el mas parecido. Pero está en pleno proceso de adaptación y tiene que dotarse de un mejor armazón físico para resistir la intensidad del juego que propone Talleres, una marca registrada del equipo.
Y con “Pelo” no sólo se fue el máximo goleador del torneo anterior. Partió también al Juárez FC de México un referente de área distinto, inteligente, tremendo definidor, que puede jugar también como segundo delantero y con una lectura del juego que lo distinguía. Su lugar es ocupado por Nahuel Bustos, un atacante distinto al uruguayo, que necesita partir de atrás, asociar y que no rinde del mismo modo incrustado en el área rival.
¿Habrá llegado la hora de jugar con dos puntas y sumarle a Nahuel la presencia de David Romero, más apto para moverse dentro del área rival? ¿Llegará Bruno Barticciotto recuperado de una lesión para ser tenido en cuenta contra la Gloria y plantarse como otra altenativa?. Puede aportar como extremo por derecha, segundo delantero y referente de área.
En ningún lado estaba escrito que la transición post Valores-Santos sería cómoda.
En la medida que Gandolfi pueda ir sumando a los jugadores que llegaron como refuerzos o incorporaciones y agregar alternativas, el equipo irá encontrando el equilibrio defensa-ataque que necesita. Tiene tiempo, el equipo no ha perdido sus principios activos futbolísticos, su arranque ha sido bueno en materia de resultados más allá de la caída en Rosario y mantiene intactas sus chances de clasificar a la Copa Libertadores 2024.
Un tropezón no es caída, pero hay mucho por delante para trabajar y corregir.

